Publicado el 19 de Mayo de 2021 en MAB Hostelero.

Haciendo una reflexión personal en voz alta, ¿Hice bien en hacerme empresario? Ya han pasado más de veinticinco años, fue de uno de los pasos más importantes de mi vida, con mucha ilusión y porque no decirlo un poco de locura. Y LA RESPUESTA ES FACIL Y LACÓNICA, SI HICE BIEN.

Previamente recorrí diferentes etapas profesionalmente de vendedor a emprendedor, y de emprendedor a empresario. Profesionalmente ya entonces estaba ligado a la hostelería y restauración, que era un sector que apasionaba y decir que cada día me apasiona más. Y me decidí crear una empresa desde cero, bastante innovadora en el 1995, que llegaba para informatizar restaurantes, algo que no era muy habitual: la informática unida a la restauración era algo ajeno a este sector.

Llega 2008

A raíz de tomar esta iniciativa personal, pasados unos años, en plena crisis de 2008, un gran amigo, casi un hermano, me envió una cita para darme ánimos y siguiera luchando por la empresa. La cita era del abogado austriaco y experto en gestión empresarial Peter Drucker: “Donde hay una empresa de éxito alguien tomo una vez una decisión valiente”. Esto es una realidad, sin duda, pero también los empresarios convivimos constantemente con el fracaso.

Durante una trayectoria empresarial se tiene éxito, muchas alegrías, muchos dolores de cabeza y, porqué no decirlo, fracasos. Está claro que el que no se equivoca es el que no hace nada. Es mi caso personal, la creación de Sighore fue un camino arduo y muy duro, pero era joven y luchador. Bueno, creo que lo sigo siendo, eso sí con menos pelo.

Me vienen grandes recuerdos de las primeras grandes instalaciones donde fuimos pioneros como la informatización del Grupo Moncho’s, propiedad del querido Ramón Neyra gran restaurador y empresario (añadir como anécdota que sigue siendo uno de nuestros mejores clientes). O la informatización del Grupo Paradis y su cadena Tapas-Bar, punteros en esa época. Ir a informatizar la restauración de estaciones de esquí en Andorra… ¡Cuántas buenas y duras experiencias me vienen a la memoria!

Algunos tropiezos

Y, por qué no decirlo, también saboree el fracaso, aunque no me gusta demasiado recordarlo: montar en el año 2000 un restaurante vasco en Granollers. El proyecto no salió bien, pero me sirvió como experiencia positiva para el futuro y aprender ciertas cosas del fracaso, para no volver a repetirlas. Como dijo el general estadounidense Colin Powell: “No hay secretos para el éxito, este se alcanza preparándose, trabajando arduamente y aprendiendo del fracaso».

La vida del pequeño empresario nunca ha sido fácil, como he comentado anteriormente. Pero la satisfacción del trabajo bien hecho, ver cómo crece un proyecto desde cero, es una satisfacción continua. Una felicitación de un cliente es algo maravilloso. Conseguir la amistad del cliente no tiene nombre. Todo esto hay que compartirlo con tu equipo. Las personas que forman la empresa junto a los clientes son uno de los mayores activos de las PYMES.

Y desde estas líneas me gustaría animar a las nuevas generaciones a que sean valientes, que emprendan, que creen empresas, que investiguen e innoven. Que creen puestos de trabajo y, por consiguiente, riqueza para la sociedad. Siempre con mucha cabeza, pensando muy bien la idea a emprender. Y, sobre todo, mucha fuerza e ilusión. Merece la pena, os lo aseguro. La frase  del empresario Vidal Sassoon viene al dedillo: “El único lugar donde éxito viene antes de trabajo es en el diccionario”.

Y, por último, quiero dar las gracias a todos los clientes que han confiado en mí, a todos los colaboradores que he tenido durante tantos años. Pero sobre todo agradecer la paciencia, el apoyo y paciencia de mi esposa Montse y de mi hijos Marta y Luis. GRACIAS POR HABERME PERMITIDO SER EMPRESARIO.

Por qué me hice empresario, una razón de ser

 

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